Lección Escuela Dominical 20 de Agosto del 2017

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Título: Jesús, Mesías e Hijo de Dios

Lección: Romanos 1:1-7

Texto: Juan 7:42

Domingo 20 de Agosto 2017

INTRODUCCION: Pablo, había estado buscando por mucho tiempo visitar la iglesia romana, pero se le había hecho imposible. Al no poder visitarla, Dios le permite escribir esta obra maestra de una riqueza doctrinal profunda e influyente. Su propósito, enseñar las grandes verdades del evangelio de la gracia a creyentes que nunca habían recibido instrucción apostólica. Domingo tras domingo compartiremos las riquezas de este hermoso libro que comenzaremos  a examinar a partir de hoy.

DESARROLLO: Pablo, escribió esta carta entre el año 57 o 58 d.C., cuando  estaba en la ciudad de Corinto. Pablo no había visitado aun la iglesia en Roma. El deseaba ir allá y oraba para que Dios hiciera posible esta visita. Esto hace que la carta a los Romanos sea especial, pues la mayoría de las otras cartas fueron escritas a iglesias a las cuales él había ministrado personalmente. Pero aquí  había una iglesia (Roma) donde Pablo no había estado y donde no había enseñado.

La carta comienza con el saludo y presentación. “Pablo, siervo de Jesucristo” usa el nombre latino (Saulo Hebreo)  que quiere decir “pequeño”, probablemente para facilitar sus viajes a través del imperio. Se autodefine como “Siervo” (griego Doulos) la palabra común en el Nuevo Testamento para aludir a un siervo o un esclavo. Aunque en la cultura griega se refería con más frecuencia al servicio  involuntario y permanente de un esclavo. Pablo elevó este término al emplearlo en el sentido hebreo para describir a un siervo que se compromete de manera voluntaria a un maestro a quien ama y respeta (Éxodo  21:5-6; Gálatas 1:10).

“Llamado a ser apóstol” (termino griego que significa “enviado”, como embajador que lleva un mensaje y representa al que lo envió). Uno de los requisitos de los apóstoles, entre otros, era haber visto al Señor Jesús y ser testigo de su resurrección (Hechos 1:22; 1 Corintios 9:1). “Apartado para el evangelio de Dios” (Apartado = separado, puesto aparte), para llevar o anunciar el evangelio (buenas noticias o buenas nuevas) no por su propia voluntad,  sino por la voluntad de Dios, a los gentiles, a reyes y a los hijos de Israel (Hechos 9:15;  13:2). Estaba en la mente de Dios,  para llamarlo y separarlo como instrumento en sus manos  (Gálatas 1:15).

Las buenas noticias “que él había prometido antes por sus  profetas en las santas Escrituras” (v. 2), para que los lectores judíos de Pablo no pensasen  que el evangelio es algo totalmente nuevo y carente de relación con su herencia espiritual, menciona que los profetas del Antiguo Testamento lo habían prometido siendo el primero Moisés (Génesis 3:15; 12:3), pero, también otros  (Salmo 16:10; 40:6-8; 118:22; Isaías 11:1 y siguientes; Zacarías 12:10; Malaquías 4:1-6 entre otros). Enseguida, Pablo presenta el tema (v. 3-4) “Acerca  de su Hijo, (Hijo de Dios), nuestro Señor Jesucristo”. Al mencionar al Señor, Pablo acumula  sus nombres y títulos:

1.- Hijo. (Lo veremos en el versículo 4). 

2.- Señor. Que indica su categoría soberana, pertenece a Dios por preeminencia (a Jesucristo como Mesías; el Hijo de Dios e igual al Padre se le llama a menudo “Señor” en las Escrituras (sobre todo en los escritos de Pablo).

3.- Jesús. Es el nombre Humano (Salvador o Jehová es salvación). 

4.- Cristo (griego), Mesías (hebreo) Ungido (español). Apunta al que ha sido ungido con aceite para ser declarado rey.

Continua el escrito “que era del linaje de David”. El Antiguo Testamento había profetizado que el Mesías formaría parte del linaje de David (2 Samuel 7:12; Salmo 89:3-4, 19, 24; Isaías 11:1-5; 9:6-7, etc.). Tanto María, la madre de Jesús (Lucas 3:23, 31) como José, su padre para los efectos legales (Mat 1:6, 16) fueron descendientes de David “según la carne”. Para llenar su condición de Mesías, necesitaba surgir según la carne  del linaje de David, pero fue declarado (designado) Hijo de Dios (título mesiánico) por la resurrección de los muertos (v. 4) (Ver Salmo 2:7; Hechos 9:20). Su victoria sobre la muerte fue la demostración suprema y la evidencia más  concluyente de que él es Dios (Hechos 13:29-34).

“Y por quien recibimos la gracia.” (v. 5) La gracia es ese don inmerecido que nos otorga perdón y salvación, “por gracia sois salvos por medio de la fe; y esto no es de vosotros, pues es don de Dios” (Efesios 2:8). Por gracia, también fue llamado Pablo como los demás, enviado a pregonar las buenas noticias (“por la gracia de Dios” 1 Corintios 15:10, además Efesios 3:8)). Aunque él se dio cuenta de cuan indigno era y que no merecía ser un apóstol, pero por la gracia de Dios fue llamado, elegido y comisionado para llamar a los hombres de todas las naciones a la obediencia de la fe, es decir, a obedecer el mensaje del evangelio, arrepintiéndose y creyendo en el Señor Jesucristo (Hechos 20:21). Entre esos gentiles “estáis también vosotros” los de Roma, “llamados a ser de Jesucristo”, a todos, libres y esclavos, eruditos e iletrados, pobres y ricos.

“Gracia y paz a vosotros, de Dios nuestro Padre y del Señor Jesucristo” (v. 7), un saludo de bendición o bendición en forma de saludo que usa Pablo en la mayoría de sus cartas.

Pablo une dos palabras de saludo de diferente cultura “gracia” la usaban los griegos y significa; bondad, misericordia estimación, favor, bendición, regalo. “Paz” la usaban los Hebreos y significa; bienestar, tranquilidad. Ambas son usadas con un contenido cristiano. La gracia tiene que ver con la actitud característica de Dios hacia las personas. Dios es la fuente de la cual procede toda gracia, y Jesús es el medio por la cual la gracia llega a la gente. La paz se usa no en el sentido de ausencia de guerra o conflicto o de problemas, es la paz que resulta de la reconciliación del hombre con Dios. La gracia de Dios produce paz, la persona puede estar en medio de conflictos  y tener paz. La persona que tiene la gracia y la paz estará teniendo una relación personal consigo misma, con sus semejantes y Dios, y desea lo mismo para los demás.

CONCLUSION: Las profecías del Antiguo Testamento anunciaban que el Mesías venidero  según la carne seria del linaje o descendiente de David, y tales profecías,  se cumplieron en Jesucristo, quien fue declarado Hijo de Dios al mundo cuando resucitó de entre los muertos. Así como se comisionó a Pablo y a otros para llevar estas verdades a las naciones, hoy somos nosotros, quienes a través del fundamento de los apóstoles y profetas,  debemos anunciar las buenas noticias  al mundo de hoy.

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